Aquí estoy...

Como si fuese un discípulo de Borges, amo con derroche, como dice él, los atardeceres, los arrabales, lo mítico y la desdicha. Me gustaría disfrutar ahora de la sencillez de la Belleza. Pero con sosiego. Aunque mis ojos, en un remedo de Terenci Moix, ya no puedan ver ese puro destello que me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor de mi Barrio, de la gloria mítica, no voy a afligirme, ni con la infelicidad, porque la belleza siempre perdura en el recuerdo.



lunes, 5 de octubre de 2015

LIBROS QUE VOY LEYENDO: "Las bestias negras" de Jaime Mesa

“Tiene que vigilar de cerca a sus bestias negras porque de alguno de esos miembros del rebaño podría salir la noción, aún no imaginada, que desbarate el castillo de arena”



En una primera lectura no me gustó esta novela, “Las Bestias negras” (Alfaguara, 2015) del autor mexicano Jaime Mesa. Luego, dejando a un lado el poco atractivo que me insuflaba una trama sobre los vicios de la burocracia política, la ambición desmedida y la miseria cultural e intelectual de sus dirigentes públicos, probablemente cansado de todo esto (opinión particularísima), en una segunda lectura, puesto que me dejó cierta inquietud la anterior y a la que quise dilucidar de una manera más detenida, aprecié el valor de este escritor, su valentía, por ofrecernos una particular semblanza de este contexto. El estilo de Mesa es directo, contundente, descarnado, sin lirismos, sin florituras narrativas, ni descripciones ni recreaciones estéticas, no hay nada superfluo, con los adjetivos justos, de premeditada ausencia de metáforas, una narración cruda y estructural, obscura.

Da la sensación como si el autor narrara, escribiera en venganza, en coraje, contra su propio protagonista, Eliseo de la Sota: Éste es el hombre que mueve los hilos de la cultura en una entidad cualquiera, en México o en la cueva catalana de Artur Mas, igual da, con un presupuesto que, aunque menor, es interesante para pulir más la pátina del dirigente que por vocación de despertar el arte y cultura en los ciudadanos. Su capacidad directiva va más allá de la organización de pequeños festivales, obras teatrales y conciertos menores, también mueve la vida de sus cuatro subordinados más cercanos hasta un insoportable grado de humillación y crueldad. Es un personaje, además, ególatra y desencajado hasta de sí mismo, sin mayor mérito que venderse de una forma sobredimensionada y artificiosa, acumulando poder para sobrevivir en el castillo de arena que ha construido desde su paranoia. Estas son sus bestias negras, sus propios subordinados que un día pueden rebelarse. Y este protagonista está magníficamente definido por Jaime Mesa, y contra quien descarga, pues, toda su emoción, toda su animadversión; y aunque del mismo modo, por su peculiar proceder, esta situación no dilucida si el odio se deba al miedo o a la atracción que le infiere esa naturaleza desordenada; como su propio “alter ego” en el relato, Eucario Vega, y en la paliza... no voy a desvelar nada.

“Había conseguido “clase”, y eso envolvía la fragilidad de un espíritu patético”

Sintetiza la sinopsis: “Jaime Mesa ha construido un solo ser con tres caras: la de Eliseo de la Sota, protagonista del drama mayor; Eucario Vega, némesis grisáceo que viene a reclamar lo que el submundo de los olvidados, los outsiders, no le puede dar: protagonismo; y Marcelo Combs, el actor de tercera que busca enmendar su propia soberbia

Continúa la sinopsis editorial, a la que podría enmarcarse con una frase de H. Melville, “Yo podía dar una limosna a su cuerpo; pero su cuerpo no le dolía; tenía el alma enferma, y yo no podía llegar a su alma”:

Cuando el actor Marcelo Combs creía que todo estaba dicho en términos de soberbia y humillación, recibe, por parte de Fred Taylor, un actor en decadencia devenido en director de teatro, la invitación a protagonizar su obra en el festival de una ciudad pequeña, tanto en extensión como en idiosincrasia. Marcelo, luego de sobrevivir a la oscuridad en la que lo mantuvo su madre actriz y superar sus propios demonios, llega a una ciudad sin nombre a presenciar el ritual de los demonios de Eliseo de la Sota con destino a su autodestrucción.

Así, el lector de Las bestias negras se enfila hacia tres mundos distintos que se exploran a sí mismos hasta el hartazgo.

En el primero, Eliseo de la Sota, un dirigente cultural en algún estado de provincia, es el “Sultán Chiquito” de un reinado construido con la adulación y un perfil bajo que le permite navegar sin ser objetado, pero siempre objetando a su entorno cercano desde su trono preferido: la humillación y el sometimiento. Sus cuatro vasallos, entes que un día dejaron de tener rostro y aspiraciones propias, pasarán de ser su sostén a detentar la fuerza de un demonio a punto de la rebelión. En el segundo, Eucario Vega, un director de un periódico menor, se asoma desde la cloaca para observarse a sí mismo como un ser dotado de talento que puede y debe desarrollarse en ese mundillo cultural: iniciará su viaje hacia la obsesión por convertirse en esa otra parte de Eliseo de la Sota que los convierta a ambos en seres indestructibles. En el tercero, la omnipotencia y ubicuidad dramática de un actor, Marcelo Combs, será empleada para sublimar, desear, menospreciar y manipular

“Las coincidencias en muchos de los casos son la conexión con los procesos de la vida”

Recomendable esta novela de Jaime Mesa, “Las bestias negras”, una historia plena de tensión, de una cotidianidad impostada, henchida de sexo, excesos, degradación… La redacción, en mi segunda lectura, se hizo más amable, más ágil, más compenetrada con sus protagonistas en los diez días que dura este paroxismo de descontrol, de ruinas y construcciones, de poder y sumisión, de miedo… y un amor indefinido el de estos personajes enfermos de subordinación, del poder y el caos. Aconsejable su lectura.


“… ese nombre ganado a pulso que, en realidad, era todo lo que tenía en el mundo, una esperanza y un infierno a la vez,…”

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